jueves, 17 de abril de 2008

La Misteriosa Flama de la Reina Loana, de Umberto Eco

No puedo evitar recordar aquella siesta nocturna en el parque, con las nubes impidiéndome ver las estrellas, acurrucado en una banca de madera hinchada, el canto a lo lejos de los grillos o posibles niños columpiándose, y el faro quemado iluminando mi soledad. Muy incómodo pero qué bello sueño, tan bello que hizo de esa noche una de las pocas inolvidables que tengo; de las que te hacen recordar lo amargamente dulce que es la mente humana.
Me siento afortunado (entre lo que cabe) de tener sanas esas habilidades tan poco aprovechadas de la imaginación, la capacidad de destruir y crear, y sobretodo la memoria. Puntualizo esta última porque imaginar, destruir y crear ya están, en mayor o menor proporción, implícitas en la mente humana, y si alguien las llegara a perder sería como una clase de robot o computadora para almacenamiento (caso que nunca he escuchado en mi vida). Contrariamente, la memoria es algo muy delicado en el ser humano, la memoria es un reflejo de lo que hemos hecho, hemos sido, hemos creado y nos hace una imagen (borrosa pero de las más certeras) de lo que somos, nos concientiza acerca de nuestro ser. Perder la memoria por completo es algo aterrador, pero cómo sería olvidar sólo la parte del ser, olvidar las experiencias que te hicieron como persona, acordarte de todo lo que has aprendido pero no saber cómo lo aprendiste, si te gusto o no, si estás de acuerdo o no.
En eso se basa el argumento de esta última novela de Umberto Eco, en donde un hombre de setenta años tiene una especie de amnesia retrógrada, de tal forma que Giambattista Bodoni (protagonista) puede recordar el teorema de Pitágoras, pero no puede pronunciar su nombre; sabe que Napoleón fue derrotado en la batalla de Waterloo, pero no recuerda el nombre de su madre. Eco pone en las manos de Yambo (como llaman familiarmente a Giambattista), innumerables citas, fundamentalmente literarias, y es en ellas y en las ilustraciones que entrelazan el libro donde encontramos una auténtica novela.
En la segunda parte Yambo, por influencia de su esposa, regresa al caserón de Solara donde se pone al contacto con su infancia, encontrando los libros, las revistas, los discos, los recortes de periódico y los carteles de película que lo acompañaron los primeros años de su vida, de tal forma que a través de estos objetos intenta volver a pintar el pasado, formándose vagas hipótesis de lo que era su vida.
Tal parece que Eco ha escrito “La Misteriosa Flama de la Reina Loana” para conquistar y atrapar el tiempo perdido, en un bello libro autobiográfico en el que independientemente de la recuperación de Yambo, te hace reencontrarte y te enseña lo efímero que es el olvido.

No hay comentarios: